La percepción generalizada, a nivel nacional e internacional, es que las últimas protestas que tuvieron lugar en Paraguay en respuesta a los recientes escándalos de corrupción, nepotismo e impunidad son diferentes a los reclamos populares anteriores, los cuales en más de una ocasión, terminaron en el famoso oparei (en la nada).

Las protestas en Paraguay comparten notables similitudes con protestas que se han llevado a cabo en otros países en los últimos años, principalmente que las mismas se articulan a través de las redes sociales y carecen de líderes claros. Igual que en otros países, los reclamos han tenido la capacidad de agrupar a distintas clases sociales, desde las clases populares a la clase alta, quienes han encontrado en Víctor Bogado y el grupo de los 23 a un enemigo común que personifica todo lo malo del sistema de gobierno paraguayo. La alta participación juvenil, que parece lentamente despertar del letargo político que la ha caracterizado en las últimas décadas, es otra característica importante en un país donde el 28% de la población tiene menos de 29 años.

1480776_457834600989570_384935330_nPero tal vez la característica más interesante que comparte el 15NPY con otras protestas a nivel mundial es la sorpresa con la cual ha sido recibida por parte de las autoridades locales. Las caras de  confusión y los comentarios desconcertados, no solo hablan de la falta de contacto con la realidad con la que operan los miembros del congreso, sino también del autoritarismo con el que gobiernan. Porque solo una mentalidad autoritaria puede llegar a explicar cómo es posible que estos tan mal llamados representantes del pueblo no puedan entender que tienen ante sí una ciudadanía harta del más de lo mismo. Harta del nepotismo y de las niñeras de oro, harta de la corrupción, harta de la impunidad que les permite seguir obrando en las sombras, harta de la injusticia y de un sistema que solo responde a los que más tienen y más pueden, harta de la inequidad, harta de la falta de respuesta, harta de ser regalados a un simple papel de espectadores y no de protagonistas en la construcción del país que queremos.

El 15NPY marca el fin de la obediencia ciudadana. Como bien lo dice Thoreau, todos los ciudadanos tenemos  el derecho a negarnos a la obediencia y poner resistencia al gobierno cuando éste es tirano o cuando su ineficiencia se vuelve insoportable. El fin de la obediencia ciudadana llego el día que la ciudadanía, harta de estas circunstancias, toma las calles para hacer sentir su disgusto, en el momento en que cientos de rollo de papel higiénico fueron tirados contra el congreso, mandando una mensaje fuerte y claro de lo que la población cree acerca de sus representantes políticos, en el momento en que desde el restaurante más elegante al establecimiento más humilde deciden negar sus servicios al grupo de los 23, en el momento en que los propios congresistas y su entorno son abucheados y echados a gritos de lugares donde antes sabían que podían estar a sus anchas.  

El fin de la obediencia ciudadana tal vez indique que Paraguay, finalmente, ha aprendido la lección más valiosa de todo sistema democrático y que es la democracia no se construye cada 5 años en las urnas sino que se defiende todos los días en la calle. 

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